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San Amaro, el Diablo Santo

CharlyElvisRocker

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18 Sep 2023
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SAN AMARO... ¡EL DIABLO SANTO!


En Ozumba, Guerrero, veneran a San Amaro.

Según la mitología e imaginación popular, el dizque “santo” era antes un demonio que se volvió bueno y que salvó de morir al caballo de Santiago Apóstol.

Desde entonces, Dios lo perdonó y se convirtió en un santo al que la gente llama “Amaro”, que significa: “El que es bien… (Una grosería muy popular que significa que se es muy listo)”.

Pero dicen que no ha olvidado completamente su condición de demonio y se cobra todos los favores que le piden sus fieles haciéndolos sufrir con situaciones paranormales.

¡En varias ocasiones, es tan cruel que algunas personas se han muerto del terror!

San Amaro no posee templo ni imágenes, ya que la gente le tiene miedo. Las pocas gentes que se atreven a invocarlo, suelen hacer un pequeño manojo con diferentes tipos de hierbas, al que atan listones de varios colores.

En Ciudad Nezahualcóyotl, tuvimos la oportunidad de ver al señor Catarino Gómez quien nos narró su terrorífica experiencia con San Amaro.

Nos presentó a su esposa Micaela y a su hija Cleotilde, una muchacha de veinticuatro años de edad.

Su odisea le ocurrió en el pueblo de Ozumba, Guerrero, en el año de 1986.

Don Catarino nos contó su historia de ésta manera: “Hace ya veinte años cuando mi hija Cleo tenía cuatro años de edad y se me enfermó de fuertes diarreas, fiebres y convulsiones. Una yerbera la vio, pero no me la sanó.

“La llevé con el doctor del pueblo quien la inyectó y me dijo que si no la llevaba a un hospital, ella podía morir.

“Yo no sabía qué hacer, ya que no teníamos dinero… Les rezamos a todos los santos y vírgenes que conocíamos, e incluso hicimos rituales para nada.

“Mi niña empeoraba y no me quedó de otra más que acudir a San Amaro.

“Ya me habían advertido de los peligros que me podían acechar si lo invocaba, pero estaba dispuesto a todo… ¡Hasta que me pasaran cosas terroríficas!

“Para invocarlo, existe un jacal abandonado de palmas y de adobe que está lejos del pueblo. Nadie pasa cerca de la choza pues todos le tienen miedo. Esa noche fui solo a ese lugar.

“Entré al oscuro jacal y me senté en el suelo. Hice mi ramo de hierbas y de listones e invoqué a San Amaro.

“Le aseguré que pasaría toda la noche donde estaba sentado y que sería valiente, pero que me curara a mi hija.

“Empecé a sudar frío, porque sabía que la única condición que pide el “santo”, es soportar toda una noche de terror. Pasara lo que pasara, oyera lo que oyera, y sintiera lo que sintiera, no tenía qué mirar hacia atrás.

“Sabía que si volteaba, no se me cumpliría lo que estuviera pidiendo, además de que podía ver al meritito chamuco.

“Tragué saliva y me quedé quieto en mi lugar. Empecé a sentir mucho escalofrío, pues… ¡Alguien soplaba hacia mi nuca!

“Cerré los ojos y pensé en mi pequeña Cleotilde. Comencé a escuchar risas apagadas y una voz que a mis espaldas y una voz que a mis espaldas me decía: “¡Catarino!”

“Clarito sentí unos dedos que se posaron en mi hombro y oí una voz que me decía: “¡Catarino, voltea!”

“Esto me hizo brincar del susto, mas recordé que no debía de mirar hacia atrás. De pronto, escuché lamentos y un llanto infantil… ¡Mi hija estaba llorando y me decía: “Papito, voltea, abrázame, tengo miedo”!

“Sentí cómo el corazón se me apretujaba en el pecho, al escuchar el llanto de mi niña. De pronto, iba a voltear, pero algo en mi interior me decía que no se trataba de ella.

“Apreté los ojos y aguanté como los meros machos las “manos” que me tocaban la espalda, los lamentos, lágrimas, suspiros, cadenas y gritos que escuchaba.

“Hubo momentos en que pensaba rajarme y salir corriendo de ahí, pero el recuerdo de mi hija me hacía ser valiente. Pronto amaneció. Todo había terminado.

“¡Había superado la prueba y mi niña, inexplicablemente, al paso de los días, se recuperó!

“No sé si fue San Amaro el que curó a mi Cleotilde, pero lo único que puedo decir es que lo que viví ésa noche era real. ¿O acaso fue producto de mi nerviosismo y de una gran sugestión?

“Creo que nunca lo sabré. Lo que sí sé es que esa noche viví un hecho inexplicable, aterrador, y que jamás olvidaré”…
 
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